BAILANDO COMO SANTIAGUEÑO

 

Las fiestas están a la orden del día en esta provincia de gente cálida que sabe contagiar su alegría. Hay que dejar la vergüenza de lado y disfrutar de la música, la danza y la comida local en cualquier rincón y durante todo el año.

Por los artesanos, por la canción, por el queso copeño, por motivos religiosos. Si hay algo que sabe la gente de Santiago del Estero es festejar y eso se plasma en montones de celebraciones y festivales que tienen lugar por la provincia los 365 días del año.

Los motivos para brindar y bailar sobran. Los oriundos de estas tierras supieron trascender las adversidades y eso dio paso a la alegría y la predisposición al festejo. Los momentos de disfrute se valoran y se comparten siempre, sea con la familia, un coterráneo o un viajero que ande de paso dispuesto a entrar a la pista.

Aquí todos son iguales y las diferencias se esfuman al ritmo de la música. La humildad y la integración invaden el aire y los lugareños contagian su ánimo a los visitantes.

Hay festivales con rasgos distintivos que revalorizan la cultura, la historia y las creencias del pueblo. Otras que celebran la producción local y algunas incluyen rituales ancestrales, como las Telesiadas y Rezabaile. Todas son populares y sirven para sentir en el cuerpo un poco del color del lugar.

El calor no importa al momento de moverse. La gente sale a la pista descalza y una capa de polvo suave flota entre los pies que no paran de moverse. Otros van en alpargatas, que “barren” el piso con una gracia difícil de imitar. Sea una fiesta en el patio de un vecino que abrió su casa para la gente o algo masivo, acá todo se vive con el mismo énfasis y la misma felicidad.

Los músicos locales tienen mucho talento para compartir, así que marchan las chacareras. De hecho, la ciudad de Santiago del Estero fue declarada Capital Nacional de dicho ritmo. Instrumentos típicos como las sachaguitarras, los violines y los bombos están a la orden del día y no importa si se sabe bailar o no. Lo que cuenta es la vibración de la piel, así que todos se liberan y se desinhiben. No queda nadie que no sea invitado a moverse al ritmo de Santiago y ese clima se extiende todo el día y más, antes, durante y después de los encuentros.

Por supuesto, no falta el momento en que pique el estómago en medio de la cuestión, quizás por tanta actividad o por el aroma a leña ardiente que llega desde los hornos de barro. Entonces es hora de sentarse un rato a reponer energías degustando unas jugosas empanadas santiagueñas, unos tamales, queso de cabra o un buen plato de locro y, al momento de lo dulce, algún arrope, conversando con los anfitriones o con la siempre cálida gente de la zona.

Mientras los pañuelos se mueven al ritmo del folklore y del viento, pasan las horas hasta que el cuerpo dice basta y es necesario ir a dormir satisfecho. Al día siguiente sólo queda elegir qué hacer: si ir a recuperarse a Las Termas de Río Hondo, si seguir con el paseo o salir a preguntar en dónde sigue la fiesta. Si es sábado, la Feria Upianita espera ansiosa, si es domingo, el Patio del “Indio” Froilán González adelanta otra fiesta.

A Santiago del Estero se llega en avión al aeropuerto Vicecomodoro Ángel de la Paz Aragones o al Termas de Río Hondo, en la ciudad homónima. También en ómnibus o en auto, por la Ruta nacional Nº 34, la ruta nacional Nº 64 y la ruta nacional Nº 9.

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